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Cómo se hace una novela

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Cómo se hace una novela

Este es el título de un trabajo corto de Miguel de Unamuno.

unamuno

Lo primero que puede observarse acerca de don Miguel en la apertura de este ensayo, es que antes de ponerse manos a la obra se encuentra en una disposición de soledad, casi de eremita, y con una rutina muy pautada de paseos, lecturas, y de un intentar plasmarse a sí mismo en la hoja en blanco. Sostiene el maestro que toda obra literaria es siempre autobiográfica.

Se sumerge el literato vasco en sus soliloquios que suelen ser peripatéticos. Allí deja volar su mente, que le lleva de un lugar a otro y de un asunto a otro, por libre asociación, pero a través de esta llega a territorios concretos que le impulsan a tomar la pluma y escribir. Él consideraba la novela como un ente cambiante, algo vivo y mutable:

Una ficción de mecanismo, mecánica, no es ni puede ser novela. Una novela para ser viva, para ser vida, tiene que ser como la vida misma, organismo y no mecanismo. El relojero que es un mecánico, puede levantar la tapa del reloj para que el cliente vea la maquinaria, pero el novelista no tiene que levantar nada para que el lector sienta la palpitación del organismo vivo de la novela, que son las entrañas mismas del novelista, del autor. Y las del lector identificado con él por la lectura.

Del mismo modo que Unamuno no pretendió nunca construir un sistema filosófico, tampoco quiere nunca construir un sistema literario. Lo que sí es muy visible en su trabajo es que, al igual que sus soliloquios, son un diálogo interior, la novela escrita en primera persona bien puede ser dialéctica, también.

Don Miguel es relativista en el sentido de que considera que cada ser tiene su realidad y su verdad particular, pero al mismo tiempo busca una unidad, un absoluto, tanto en la literatura como en la fe, aunque sabe perfectamente que esta no puede sostenerse en ningún momento sobre la razón. La fe se ve obligada a luchar contra la duda que constantemente introduce la razón sin que sea posible el descanso. Es el ahogo y la desesperación lo que introduce la necesidad de Dios.

Creer es crear, creemos porque esperamos, y esperamos porque creamos. La fe viva es un esfuerzo constante de creación, que no tiene por qué someterse a ninguna regla férrea, y de este modo lo expresaba en este diálogo:

-¿Y cuál es su argumento, si se puede saber?

-Mi novela no tiene argumento, o mejor dicho, será el que vaya saliendo. El argumento se hace él solo.

-¿Y cómo es eso?

-Pues mira, un día de estos que no sabía bien qué hacer, pero sentía ansia de hacer algo, una comezón muy íntima, un escarabajeo de la fantasía, me dije: voy a escribir una novela, pero voy a escribirla como se vive, sin saber lo que vendrá. Me senté, cogí unas cuartillas y empecé lo primero que se me ocurrió, sin saber lo que seguiría, sin plan alguno. Mis personajes se irán haciendo según obren y hablen, sobre todo según hablen; su carácter se irá formando poco a poco. Y a las veces su carácter será el de no tenerlo.

-Sí, como el mío.

-No sé. Ello irá saliendo. Yo me dejo llevar.

-¿Y hay psicología?, ¿descripciones?

-Lo que hay es diálogo; sobre todo diálogo. La cosa es que los personajes hablen, que hablen mucho, aunque no digan nada (…). El caso es que en esta novela pienso meter todo lo que se me ocurra, sea como fuere.

-Pues acabará no siendo novela.

-No, será… será…nivola.

“Nivola” es el subtítulo de su novela Niebla.

Las características de la nivolas de Unamuno son las siguientes: prioridad del contenido sobre la forma; escaso desarrollo psicológico de los personajes, que poseen un único rasgo distintivo de su personalidad, son encarnaciones de una idea o una pasión; y una gestación “vivípara” (en palabras del mismo autor), frente a la larga gestación “ovípara” de las novelas realistas, sus textos surgen apresuradamente y se van haciendo según se desarrollan.

Para concluir, no parecía a nuestro catedrático de Salamanca importarle mucho la cantidad de audiencia ante sus creaciones, aunque luego la tuvieran, y masiva. Este poema así lo refleja:

Predicar en desierto, sermón perdido

No, que nada se pierde, todo se gana

La voz del corazón abre al desierto

Misteriosos oídos

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